Los Desaparecidos en Sinaloa: Impacto Social que Nadie o Pocos Advierten

La violencia que vivimos los sinaloense, ha enlutado, ha dejado sin empleo, ha contraído a la economía, ha generado el miedo y el horror. Ha desnudado a todas las autoridades como incapaces ante el problema. Pero el riesgo es mayor que ésta enumeración. Releer, por ejemplo, a Emile Durkheim, sociólogo francés, nos ayuda a entender el fenómeno y advertir que tan solo las desapariciones de cientos de personas, pueden impactar negativamente en el venidero comportamiento social en nuestra tierra.

Miles de familias hoy han soportado el dolor y la impotencia de no volver a ver a sus seres queridos; culpan al Estado (gobierno en general) por la inacción y falta de respuestas al procurar a sus familiares o amigos que fueron «levantados» y desaparecidos.

A partir del enfrentamiento entre bandas del cartel de Sinalao, se ha contabilizado oficialmente más de 2 mil casos, donde Culiacán y Mazatlán lideran el conteo. Por ese motivo y al transcurrir el año de violencia extrema que vivimos, colectivos de buscadores y buscadoras manifestaron su lucha colocando veladoras al frente de las oficinas de gobierno. Pretenden ser visibilizados y que no se olvide que hay cientos de familias que siguen esperando algo que indique sobre el paradero de sus seres queridos.

Los gobiernos poco o nada han hecho para satisfacción de las y los dolientes; en ellos priva la desesperación, frustracion, y todo tipo de sentimientos que seguramente están transformando o debilitando sus valores que, como miembros de esta sociedad, habían asumido.

Esas familias viven un horror; es imposible poder sentir lo que verdaderamente sienten, pero pueden atribuirse que en ellas existe un antes y un después: hay una transformación sicología que puede leerse como una fractura social.

Durkheim habla de la Anomia, como fenómeno que ocurre cuando las reglas y costumbres sociales se vuelven confusas, lo que provoca una desorientación. Esta situación no está atendida. El Estado tiene la obligación de establecer mecanismos que impidan cambios sociales, que en perspectiva provoquen mayor descomposición en las familias.

De acuerdo a las declaraciones de altos funcionarios, «esta guerra no va a parar hasta que ellos (los criminales) quieran», estamos convencidos que así es: el Estado no puede hacer mayor cosa. Pero lo que si puede, es implementar una intensa atención a las secuelas de la violencia. No dejar al olvido a miles de familias que tienen relación con las más de 2 mil desapariciones. Esa cifra es muy alta y más lo será el impacto psicológico y el cambio de valores de una sociedad que hoy vive bajo el dolor y la impotencia.