No podría ser de otra manera, cuando se busca el equilibrio y la honestidad para abordar el tema. Existe cierta dificultad de ángulo periodístico para exponer el caso, pues genera sentimientos encontrados. Por un lado, nadie que se describa honesto, podrá justificar la barbarie, intromisión e ilegalidad que viola todas las normas internacionales para que el gobierno de Estados Unidos haya capturado al presidente Nicolás Maduro, con las consecuencias fatales que han ocurrido. Pero tampoco se puede soslayar la dictadura y el dolor del pueblo venezolano con el régimen «chavista».
Ello ha provocado la marcada división de opiniones para explicar lo sucedido. Los que festejan son generalmente quienes vivieron y viven el terror que ha causado el régimen del extinto Hugo Chávez y de Nicolás Maduro. La falta de libertad, el sometimiento y la persecución política, aunado a la pobreza económica que han sufrido los venezolanos, parecen ser elementos suficientes para agradecer a Donald Trump, la intervención ilegal a su país y detener al causante de tanto padecimiento.
La actuación del «chavismo» le ha hecho mucho daño a los que ideológicamente se orientan a la izquierda. Pues por más que se quiera defender las políticas de beneficio social en contra de la derecha que ha gobernado latinoamerica, las formas de mantener el poder, tanto de Chávez como de Maduro, quienes acudieron al fraude electoral, los desnuda y los descalifica, esto en el animo de ser intelectualmente honestos.
Pero solicitar la intervención de los Estados Unidos, como han hecho millones de venezolanos con Corina Machado al frente, tampoco es la mejor opción: Estados Unidos es la referencia obligada en los golpes de estado en varios países de América, que en conocidas consecuencias, no hubo ni libertad ni democracia. Entonces, Venezuela, «en el pecado podrá llevar la penitencia», porque Estados Unidos no busca la democracia, persigue solo su bienestar económico y el control mundial ante potencias como China o Rusia. Paises como Venezuela, Brasil o México, representan esos objetivos que hoy defiende Donald Trump, o cualquier presidente de Estados Unidos.
Nuestra hipótesis la basamos en lo que ya salió a la luz pública. Delcy Rodriguez, brazo derecho de Nicolás Maduro, ha tomado las riendas de Venezuela con la aprobación de Trump, lo que indica un acuerdo de cúpulas entre los ricos de ese país con el gobierno de Estados Unidos. Es decir, solo desparece Nicolás Maduro para seguir igual. De lo contrario Corina Machado y sus millones de seguidores no estarían lamentando hoy que no son tomados en cuenta en el nuevo acuerdo de lo que podría ser el periodo de transición.
Pero la simple captura del líder que mantuvo la opresión, genera gozo y alegría en millones de venezolanos dentro y fuera del país.
Aunque se hayan violado las leyes internacionales de respeto y no intervención entre países. La oligarquía que administra el petróleo y quién dicta el sometimiento hacia los opositores en Venezuela, ahí sigue. Delcy Rodriguez es una copia de Nicolás Maduro; pero ella ahora dice que habrá cooperación con Estados Unidos.
Sin duda hay opiniones encontradas, porque tan malo es lo que hizo Estados Unidos, como malo lo que «el chavismo» ha hecho a los venezolanos.



