El diputado federal llama a construir una ruta de unidad y soluciones para enfrentar los desafíos económicos y de seguridad que vive Sinalao
ESTATAL Las recientes declaraciones de Luisa María Alcalde Luján, Consejera Jurídica del Ejecutivo Federal y ex presidenta nacional de Morena, sobre la situación económica de Sinaloa han generado preocupación entre miles de familias, trabajadores, comerciantes y empresarios que todos los días enfrentan una realidad distinta.
Mientras desde la Ciudad de México se presentan indicadores positivos, en Sinaloa muchas familias viven con incertidumbre, numerosos negocios han visto disminuir sus ventas, empresas han cerrado sus puertas y la inseguridad continúa impactando la vida cotidiana de los ciudadanos.
Al que le duele, le duele. Y a miles de sinaloenses les duele la inseguridad, les duele la pérdida de empleos, les duele la caída en las ventas y les duele la incertidumbre que viven sus familias. Esa realidad no desaparece porque alguien diga que las cosas están bien.
Negar lo que viven los sinaloenses no resolverá el problema. Maquillar cifras tampoco devolverá los empleos perdidos, ni reabrirá los negocios que tuvieron que cerrar, ni regresará la tranquilidad a nuestras calles.
La realidad no se mide únicamente en estadísticas oficiales. También se mide en los comercios vacíos, en los emprendedores que luchan por salir adelante, en las familias que han tenido que modificar su forma de vida y en los empresarios que siguen apostando por Sinaloa a pesar de las dificultades.
Los sinaloenses no necesitan que alguien les explique cómo están sus bolsillos. Lo saben cada vez que salen a trabajar, cada vez que abren un negocio y cada vez que enfrentan los retos económicos y de seguridad que vive nuestro estado.
Ese es precisamente el problema. La evaluación se hace desde una hoja de Excel y no desde la realidad que vive la gente. Por eso, en los indicadores todo parece ir bien, pero cuando uno sale a las calles, habla con los comerciantes, con los empresarios o con las familias, encuentra una realidad muy diferente.
Una cosa son los números que aparecen en los reportes y otra muy distinta lo que viven los sinaloenses todos los días.
Lo que Sinaloa necesita no son discursos triunfalistas ni narrativas alejadas de la realidad. Lo que necesita es que el Gobierno Federal reconozca la dimensión del problema, escuche a la sociedad y trabaje junto con los ciudadanos para recuperar la seguridad, la confianza y el crecimiento económico.
Porque el primer paso para resolver una crisis es reconocer que existe.
Pero reconocer el problema no es suficiente. También es momento de actuar.
Por ello, reitero una propuesta que he venido planteando desde hace meses y que hoy cobra más vigencia que nunca: la integración de una Comisión Especial de Diputados y Senadores para Sinaloa, así como la instalación de una Mesa Estatal para la Recuperación y el Desarrollo de Sinaloa, donde participen el Gobierno Federal, el Gobierno del Estado, los municipios, CODESIN, CAADES, cámaras empresariales, universidades y representantes de todos los sectores productivos, sociales y académicos de nuestra entidad.
Desde hace tiempo he insistido en que los desafíos de Sinaloa no se resolverán desde la confrontación ni desde los escritorios. Se resolverán escuchando a quienes viven la realidad todos los días.
Lamentablemente, hasta ahora esas voces no han sido escuchadas con la seriedad que amerita la situación.
Por eso hoy vuelvo a convocar a todos los actores públicos, privados y sociales a sentarnos en la misma mesa.
Que revisemos juntos los indicadores.
Que escuchemos a quienes generan empleo.
Que escuchemos a quienes producen, invierten, emprenden y sostienen la economía de nuestro estado.
Que escuchemos a las familias sinaloenses que enfrentan diariamente los retos de la inseguridad y la incertidumbre económica.
Si Sinaloa está creciendo, revisemos juntos cómo fortalecer ese crecimiento.
Si Sinaloa enfrenta dificultades, construyamos juntos las soluciones.
Porque lo que no se escucha, no se atiende. Y lo que no se atiende, termina convirtiéndose en una crisis mayor.
No importa el partido político.
No importa el color.
No importa quién tenga la razón.
Lo que importa es Sinaloa.
Sinaloa merece respeto.
Sinaloa merece ser escuchado.
Y, sobre todo, Sinaloa merece soluciones.
Los sinaloenses no esperan que les expliquemos sus problemas. Esperan que tengamos la capacidad de resolverlos.
Por eso, en lugar de discutir quién tiene la razón, convoquemos a quienes tienen la responsabilidad.
Sinaloa necesita menos justificaciones y más resultados.
Menos discursos y más soluciones.
Menos confrontación y más acuerdos.
Porque mientras algunos discuten cifras, hay miles de familias esperando respuestas.









