Todo el escándalo político en torno a los gobernadores y funcionarios involucrados por señalamientos que van en contra de la ley: Rubén Rocha Moya, María Eugenia Campos y funcionarios de Sinaloa, donde también se suma al ex alcalde de Culiacán, ha generado un impacto político, o al menos un intenso conflicto entre Morena, PAN, PRI y medios de comunicación.
¿Y quién gana o pierde en esta situación que ha ocasionado la intervención de autoridades de Estados Unidos (EE. UU)?
Diríamos que en términos muy generales gana la política; el tema político mantiene a millones de mexicanos atentos. Los espectáculos o el deporte no lideran las tendencias, por lo menos en redes sociales, y medios tradicionales de comunicación.
Es bueno por un lado, en el sentido de hablar de política, comprender y conocer; pues de ahí se supone que el ciudadano tomará decisiones, por ejemplo al sumarse a algún proyecto político, partido, o elegir. Y malo desde la perspectiva del desaseo de información que ofrecen los representantes de partidos políticos, de los gobiernos, y medios de comunicación. Esa alteración a la realidad genera ruido en la comunicación y por consecuencia una sociedad mal informada y confundida.
El caso María Eugenia Campos, gobernadora de Chihuahua, es emblemático en lo que señalamos: su gobierno hizo todo lo posible para evitar el éxito de la marcha-manifestacion de Morena. Se bloquearon carreteras; se interrumpieron avenidas; y hubo una movilización de personas para repudiar, por ejemplo en el aeropuerto, a figuras nacionales de Morena. Eso lo supimos paulatinamente, pues la mayoría de medios comunicación de ese estado, y los que operan en la Ciudad de México, no reportaron la realidad.
Luego vimos la gira de medios que hizo la gubernadora Campos con varias figuras del periodismo nacional. El resultado no fue el mejor: la entrevistada no pudo convencer su inocencia.
Luego conocimos los citatorios, que la FGR hizo tanto a la gobernadora como al ex gobernador Rocha Moya, entre varios funcionarios mas. Este elemento también ha servido para la especulación y la condena a través de medios de comunicación que tristemente han tomado partido: apoyan al régimen o lo desaprueban. El caso más claro es Televisión Azteca. Ahí no se informa, se miente sistemáticamente; ese medio es la bocina de un contendiente: de su dueño, el magnate Ricardo Salinas Pliego.
Por otro lado, los medios oficiales, también juegan sucio. Como en la vieja Televisa de Jacobo Sabludovsky, la nota del gobierno es lo más importante y no hay crítica en absoluto. Otro elemento de manipulación es que desde Palacio Nacional la presidenta responde, se defiende, pero también alimenta esta batalla mediática: hace uso de su pantalla pública para señalar, y también golpear a la oposición.
En este panorama de fuerzas totalmente opuestas, donde las mentiras y propaganda se ofertan como noticias, es difícil saber el nivel de afectación en la población.
Decíamos que hablar de política, en vez de espectáculos y deportes, ya era una ganancia, pero al tratar de distinguir qué le queda a la gente común de todo lo que se lee, se escucha, de todo lo que dicen las redes sociales, de todos los actores, de un lado y de otro, es difícil. Saber si la gente realmente está informada o manipulada, en cualquier grado, es imposible, pero existe la sospecha de que sí ocurre una alteración.
Y esta situación no es poca cosa, debe analizarse, pues de continuar así, pudieran ocurrir confusiones en la sociedad. El Sociólogo Alemán Émile Durkheim se refería a la Anomia como «el estado de inestabilidad o desorientación moral que sufre una sociedad o un individuo…» Esta alteración cuando los valores y reglas entran en conflicto. Y lo que vivimos hoy día es un conflicto donde las reglas, por ejemplo de la comunicación, se han alterado. Hoy a menudo se miente en redes sociales y en medios formales, y millones creen o son afectados por los contenidos que se difunden como noticias.
El nivel de medios de comunicación, su calidad profesional, que tenga un país o comunidad determinada, es referente directo de su democracia o acercamiento a ella. En este sentido el politólogo norteamericano Robert A. Dahl nos ha dejado una ley irrefutable que nos ayuda a entender mejor. Él dice que para alcanzar mejores niveles de democracia —a la que él denominó Poliarquia — en uno de sus siete requisitos para que ocurra el «gobierno de todos» o la poliarquia, se requiere que «los ciudadanos tengan derecho a expresarse sobre política, que no haya temor por castigos. Debe haber libertad para criticar al gobierno, régimen o ideología dominante». Y en México los ciudadanos dependen de los medios de comunicación, que usan los datos para influir, no para informar.
Entonces quién gana o pierde en este contexto de acusaciones, de detenciones, de violaciones a la ley. En este campo donde, para variar, detrás de todo está EE.UU. ¿Quién gana, quien pierde?



