A tres días de que inicie la máxima fiesta de los mazatlecos, el Carnaval, aumenta la expectativa del éxito o fracaso de dicho evento. Pues representa la oportunidad de recuperación económica de muchos empresarios, y a la vez una “prueba de fuego” para las autoridades, principalmente para el municipio.
En un contexto como el actual, donde la amenaza violenta permanece, y la falta de estabilidad en la ciudad también, los pronósticos del éxito, tienen sus matices: es necesaria la fiesta, aún con los riesgos comunes.
Hoy dia queda claro que los tres órdenes de autoridad han diseñado una estrategia de “blindaje” para garantizar la seguridad. Pero cada acto violento, lamentablemente, fortalece las voces que alertan sobre los riesgos.
Y es un enorme reto para las autoridades, pues los masivos que implican los desfiles, el combate naval y las coronaciones, obligan a mantener especial cuidado.
Seguro usted, apreciable lector, recuerda la famosa “estampida” ocurrida en pleno malecón del segundo desfile del año 2010. Por fortuna no fue una tragedia. Pero hoy es necesario evitar un acontecimiento como ese.
Las condiciones para que suceda existen. Por eso para el gobierno y empresarios, la fiesta también significa un enorme reto: que no suceda una “estampida” o algo similar.
Los desfiles desbordan el orden, no hay bocacalles para un desalojo urgente. El acaparamiento de espacios reduce las salidas, por ejemplo, para sacar a un enfermo del malecón, o para controlar una rebelión.
Hoy día el temor subsiste, pero la necesidad de que se desarrolle la fiesta también. Dejar que la ciudadanía se cuide sola no es garantía, someterla con el uso de la fuerza tampoco, entonces queda la incógnita del cómo hacer para que esos masivos se desarrollen con éxito.
Hoy se observa, desde hace más de 15 días, a la guardia nacional y al ejército, patrullando la ciudad y la zona turística. Sin embargo para los eventos donde habrá miles de personas reunidas, no es suficiente un operativo así.
El reto para los empresarios y para la joven presidenta es enorme, y no queda más que apostar por el éxito del carnaval, que la gente se cuide a sí misma, y que las autoridades realmente apliquen un operativo que garantice la paz en Carnaval, y por siempre.
