El Colapso del Malecón, Debido al Mal Diseño

Solo dos momentos de marea alta y fuerte oleaje del Océano Pacífico fueron suficientes para vencer al Malecón de Mazatlán. El mal cálculo en ingeniería, arquitectura y la falta de supervisión, son la causa, para que «la joya de la corona» del puerto, sucumbiera.

Cuando el entonces gobernador de Sinaloa, Quirino Ordáz Coppel, en el año 2017, anunció la remodelación del viejo Malecón del puerto, la expectativa fue intensa y misteriosa. Nadie conocía la magnitud de la obra, ni los cambios para el importante atractivo turístico. Justificaron la remodelación porque «Mazatlán era un destino viejo sin nada novedoso que ofrecer» y porque aquí se realizaría el Tianguis Turístico de 2018.

Entonces del 2017 al 2018, bajo las administraciones de Enrique Peña Nieto, Quirino Ordáz y Fernando Pucheta, se concretó la obra. Fueron casi 400 millones de pesos, la inversión económica que permitió ver un espacio más ancho, debido a la ampliación hacia la playa y la desaparición del estacionamiento en ambos carriles. Pero la obra era impresionante y bella. Así recibió Mazatlán a miles de empresarios turísticos del mundo.

En menos de ocho años la belleza ofreció sus debilidades: el oleaje ahora fue impactante hasta causar el colapso. Vozpopuli consultó a expertos en la materia, y todos coinciden en los errores y vicios al momento de reconstruir. El ingeniero Nicolás Alvarado Cortez, expuso que el oleaje «atípico» no es propio de esta zona «este afectó varias margenes del Pacífico, no nada más en Sinaloa» y propuso que «se deben revisar los diseños actuales pues es probable que el fenómeno (alto oleaje) pueda ocurrir de nuevo y con mayor intensidad».

El ingeniero y constructor Jesús Luna, observó que el muro con Talud de Reposo ( pendiente de 45 grados) era decisión adecuada en su construcción original para evitar que las olas chocaran con la estructura de concreto. Pero en el análisis del caso del malecón toma importancia la falta de supervisión de cualquier obra. Lo que indica la alta posibilidad de que el nuevo malecón no la tuvo. El ingeniero Martín Alfonso Noriega expuso que la falta de una supervisión, a esta y a todas las obras públicas, es una lamentable realidad «no hay un organismo autónomo, que no dependa del constructor, que se encargue de supervisar que las obras se hagan con la normativa estricta que corresponde, aquí los que construyen contratan al laboratorio, lo que indica que son juez y parte».

Entonces la reconstrucción del Malecón cumplió su objetivo: ofrecer belleza y novedad al puerto; pero detrás de todo eso se escondió la falta de planeación, la supervisión que obligaba a efectuar una obra con los estándares de calidad. El Malecón se hizo como cualquier otra obra: sin observar las leyes de la naturaleza ni las normativas.

El resultado es desastroso, una obra muy cara en terminos económicos, pues su reparación igual exige la más inteligente de las acciones civiles, lo que implica más dinero, pues se trata de reestablecer a «la joya de la corona» el Malecón de Mazatlán que fue construido con una mala planeación. Toda proporción guardada, parece que fue una obra de «relumbrón» para agradar a los visitantes que trajeron a Mazatlán los políticos de ese entonces.

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