A dos años de la violencia que afecta a Sinaloa y otras partes de México, vale explorar otro ángulo del problema. Después de las organizaciones para el trasiego de drogas hacia Estados Unidos bajo la complicidad del Estado, desde hace por lo menos 50 años, es necesario revisar la actitud social, el comportamiento de la gente común, cuya complacencia o aceptación, han mantenido vivo a eso que se denomina Crimen Organizado.
Las organizaciones criminales tienen como base a las personas, solo así existen. Es lugar común señalar a los líderes criminales y a los políticos, como responsables, y sí lo son, pero hay un tercer sector, por así decirlo: las familias, jóvenes, empresarios y amplios sectores de las iglesias. Aquí están los que actúan como Estupidos, dependiendo de los Bandidos.
Retomando la teoría que nos dejó el teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer o el filósofo Italiano Carlo M. Cipolla, quienes coincidieron en el análisis del comportamiento humano, podemos explicar mejor.
Bonhoeffer define que la estupidez es un problema moral y sociológico. Dice que «cuando el poder político o religioso se vuelve absoluto, priva al individuo de su independencia de juicio. La persona queda psicológicamente hechizada, repitiendo consignas sin capacidad crítica». En Sinaloa esa dominación absoluta se puede conceder al poder del narcotráfico. Cuando a menudo todos quieren ser vistos «como narcos», ya sea por mera apariencia o actividades relacionadas en lo económico o el trabajo. Así era y es la vida común en muchas regiones de México, como en Culiacán. Una sociedad bajo el sello de la subcultura del narco, donde pareciera que no hay uso de razón, pues se imita, se vive y se reproduce una forma de vida, donde no se valora que la actividad principal de los criminales es asesinar, robar, extorsionar y generar terror y violencia. Pero a amplios sectores sociales, eso, parece no importar, de ahí la categoría de estupidez.
El filosofo Italiano Carlo M. Cipolla es más específico en su teoría de la conducta humana. Declara que el Bandido «se beneficia a sí mismo perjudicando a los demás…» Mientras que el estupido «… es una persona que causa daño a la sociedad y a sí mismo…» Y aquí reafirmamos que la sociedad que aplaude y permite el narcotráfico es una sociedad estupida que depende de los bandidos. Los criminales son en todo caso bandidos que hacen daño para su beneficio, pero lo patético aquí es el tercer sector al que nos referirnos arriba: personas que saben de la terrible gravedad, del peligro e inminente destino fatal, que todo ello significa el narcotráfico, aún así lo aceptan y lo han hecho suyo.
Empresas y sectores sociales mantienen relación con el narcotráfico, por medio del soporte económico principalmente. Pero miles de ciudadanos viven del narco y actúan como tales en una mimetizacion, es decir, en una apariencia: todos desean ser vistos y tratados como narcos, porque eso genera poder y aceptación «en sociedad».
México fue la vergüenza mundial en Febrero y Marzo de 2014 cuando miles de sinaloenses salieron a las calles de Culiacán a protestar por la detención de uno de los líderes criminales: Joaquín Guzmán Loera, alias «El Chapo». Resultaba increíble ver cómo salieron a las calles a defender a uno de los más crueles criminales. Esa actitud solo podría ser explicada bajo la teoría de la sin razón, de la estupidez.
Entonces lo que ocurre en México y en Sinaloa, la insoportable ola de violencia nos deja mucho dolor; deja al descubierto la complicidad del Estado con la delincuencia; pero también deja una lección que debemos leer todos: el crimen organizado se alimenta de nosotros, de lo que hacemos o dejamos de hacer ante ese problema. El Crimen logró conquistar la conciencia de amplios sectores sociales. Como bandidos logró convencer a la sociedad a formar parte de sus filas. Las consecuencias aquí las tenemos.











