Desde siempre en las filas del PRD, Imelda Castro y Rubén Rocha Moya fueron figuras reconocidas en la izquierda sinaloense. Ambos fueron diputados locales, Rocha por el extinto Partido Socialista Unificado de México (PSUM) e Imelda en dos ocasiones por el PRD.
Ambos tienen una trayectoria muy intensa en la izquierda sinaloense, aunque Imelda nunca colaboró con algún gobierno del PRI, como Rubén Rocha si lo hizo con Jesús Aguilar Padilla, Enrique Peña Nieto y con Quirino Ordaz Coppel.
Ambos coincidieron en 2018 en Morena, bajo el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador. Se convirtieron en senadores en primera formula. Hasta ahí todo iba bien, no se sabía de alguna diferencia entre ambos, hasta que llegó el 2024, cuando se definieron las figuras para el periodo siguiente del senado. Apareció el nombre de Enrique Inzunza Cázares, hombre de todas las confianzas de Rubén Rocha Moya, de tal manera que el entonces secretario de gobierno, iría en la posición uno al Senado, pero algo ocurrió en el centro del país y el reacomodo benefució a Imelda Castro en la posición que aquí habían destinado a Inzunza.
Desde ahí la voxpopuli registró una serie de desencuentros que tanto Imelda como Inzunza o el mismo Rubén Rocha, negaron. «No pasa nada» decían, pero en la práctica política si pasaba. Tanto así que de inmediato Imelda Castro se puso a trabajar sin permiso del jefe político.
Luego se conocieron los pre-destapes y vimos en «el partidero» a Graciela Domínguez Nava, a Teresa Guerra Ochoa, y al mismo Enrique Inzunza Cázares, trabajado para sus proyectos, todos bajo el permiso del jefe político.
Fue bastante evidente el despegue que tuvo la senadora Imelda Castro. Con pocos medios de comunicación —pues hace 5 meses nadie le abría las puertas— pero con un trabajo muy intenso en todo el Estado, la senadora fue posicionando su nombre y presencia a tal grado de provocar reacciones.
En alguna ocasión, el mismo Rubén Rocha Moya confirmó de propia voz que a él lo había elegido Andrés Manuel López Obrador, cuando se disputaba la candidatura contra «El Químico Benítez». Fue el envío de un claro mensaje: él aún tenía poder con el líder máximo de Morena: Andrés Manuel López Obrador. Lo que suponía que el candidato por Sinaloa para las siguientes elecciones podrían ser los suyos: Enrique Inzunza Cázares o Juan de Dios Gámez Mendivil.
Los recientes acontecimientos significan también un punto de inflexión en el proceso político interno de Morena. Difícilmente los aspirantes adheridos al rochismo podrán ser contemplados. Pero Imelda, que ya había marcado su deslinde, antes de esta crisis que hoy afecta al gobernador y a su equipo, mantiene una libre ventaja en todas las encuestas.
La última de Gobernante obtuvo el 28.1 de preferencias frente a Teresa Guerra quien aparece con 10.7 por ciento. Ese mismo sondeo coloca a Morena con el 33 por ciento de preferencia ante un 17.6 del PAN.
El trabajo que arrancó Imelda Castro Castro hoy se refleja en todas las encuestas. Habría que esperar que el deslinde logré permear hacia los electores, pues a la fecha no hay un levantamiento que indique hasta qué punto Morena haya descendido en Sinaloa.
De cualquier modo, y ante los posibles escenarios adversos, Imelda Castro tendrá que replantear su estrategia e incorporar nuevas figuras que le puedan cubrir los posibles huecos que vayan a representar la crisis política que atravieza Morena.
Hay muchas figuras dentro de Morena que el rochismo rechazó o desechó, luego de ganar las elecciones. Hay muchas figuras que se mantuvieron cerca del gobernador pero que no en el ánimo de Enrique Inzunza —como el poder sentarse del poder—. El trabajo del exsecretario de gobierno alejó a Rocha de su trayectoria de izquierda, por eso vimos a personajes del PRI en espacios que el gobernador hubiera destinado a sus compañeros de lucha. Pero el proyecto era otro. Si ahora los números le favorecen a Imelda, bien haría en reflexionar con quiénes lograr el objetivo.



