La semana pasada fuimos testigos de la peor exposición humana que hayamos tenido conocimiento. Un hombre, públicamente, arremetió contra tres mujeres, a quienes calificó, entre otros cosas, de perras, putas y metiches. La nota adquiere relevancia cuando los protagonistas de este lamentable pasaje son personas ampliamente reconocidas en México: Ricardo Salinas Pliego, dueño de Televisión Azteca en contra de tres reconocidas periodistas, Sabina Berman, Vanessa Romero y Denisse Dresser.
Luego de comentarios, que las tres mujeres, cada una en sus espacios de contenidos, que hicieron de Salinas Pliego, quien se niega a pagar los impuestos que debe al erario mexicano, fue lo que enojó al dueño de TV Azteca. En su cuenta de «X» las enfrentó y las calificó como se ha señalado. Y las reacciones en medios de comunicación se han vuelto nota: poca condena, e ignorancia del tema. Para muchos comunicadores de relevancia no fue tema de información, mucho menos de análisis. Una aberración de ese tamaño, considerando a sus protagonistas, debió encender las radios, las mesas de análisis, las columnas de los diarios, todas con un común denominador: una condena unánime.
Pero no fue así. Sobre esa actitud misógina del señor Salinas, muchos prefirieron callar. Por fortuna no fue el caso de la presidenta Claudia Sheinbaum. Ella se pronunció y manifestó su solidaridad con las mujeres periodistas agredidas.
Y fue clara la presidenta: «Todo el enojo de Salinas Pliego es porque le han recordado que no ha pagado sus impuestos…»
Con este vergonzoso asunto, se demuestran dos cosas. Que muchos medios, que se dicen críticos e imparciales, quienes actúan bajo la supuesta preocupación del buen camino político que México debe observar, en la práctica, son parciales y sus criterios editoriales los dictan sus intereses económicos y el miedo al poder económico. Le temen a Salinas Pliego, al tercer hombre mas rico de México con 13 mil millones de dólares bajo su control, según la revista especializada _Forbes_ .
Y el asunto también muestra que no importa la riqueza económica o el poder enorme de un hombre, al mismo tiempo se es también ignorante. Ricardo Salinas Pliego, a quien en 1993 le vendieron barato el canal 13, entonces televisión del Estado, es una persona machista y misógina. Su comportamiento, que él directamente expuso, define a un hombre acostumbrado a entender que a las mujeres se les debe mantener sometidas, que son inferiores al macho. Él no ha comprendido los avances mundiales en el respeto y reconocimiento de las mujeres como seres exactamente igual a los hombres.
Entonces, ante una agresión del tamaño de Salinas Pliego contra las tres profesionistas mexicanas, no pasa nada. Más de la mitad de la prensa nacional, de comentaristas «críticos», de colectivos en defensa de las mujeres en nivel nacional, estatal y municipal, no dijeron nada. Hicieron un silencio cómplice de actitudes de hombres tan notables, como lo es el dueño de TV Azteca. Se entiende, entonces, que personas como él tienen permiso para agredir, para lastimar. Y todo porque son ricos



