Morena y los Paralelismos Pragmáticos: el Poder

Han sido sorpresivos los ajustes que en éstos momentos establece Morena a fin de cambiar personajes, por quienes garanticen la línea política de Claudia Sheimbaun Pardo.

La salida de Luisa María Alcalde Luján y probablemente Andrés Manuel López Beltrán, significa, entre otras cosas, un relevo normal, común en los partidos políticos de aquellos que gozan de la posibilidad de triunfo, como es el caso de Morena.

A nadie nos queda duda de dónde vienen las indicaciones, o quién está detrás de estos ajustes: es la presidenta de México, Claudia Sheimbaun Pardo, quien, en las reglas no escritas del sistema político Mexicano, es la jefa política de su partido. Aunque también hay suficiente evidencia que en este primer trienio esa jefatura la compartió con Andrés Manuel López Obrador, expresidente y líder moral del movimiento.

No hay ruptura, como muchos desearían, pues una de las virtudes de Sheimbaun ha sido el trato terso que ha mantenido con la estructura que heredó su líder. Sin mayor estridencia se retiró de las altas decisiones de la cámara de diputados a Adán Augusto López; y ahora —bajo una imagen de mujer estadista con reconocimiento internacional, como ocurrió en su reciente visita a España— indica los cambios en su partido, a fin de lograr una oferta política que de ganar en las urnas, la acompañaría en su último trienio. No desecha ni a Luisa María, y seguramente tampoco a Andrés Manuel López Beltrán, pues el aparato de gobierno tiene suficientes espacios, y de mucha importancia.

Pero ¿En dónde habíamos visto esta historia? Si, en el viejo PRI. Estos ajustes o reacomodos; esta dependencia del partido que gobierna, se mantiene del poder del palacio nacional. Así ocurrió con el PRI, así actuó también el PAN cuando fue gobierno. Estas acciones sorpresivas de Morena ya las habíamos vivido en esa parte de la historia que tanto critican en la 4T. No hay cambios en este sentido de la relación partido-gobernante. Por eso hay quienes —acostumbrados al viejo régimen— esperan una ruptura de Claudia Sheimbaun con López Obrador, así igual como ocurría entre los presidentes que entraban con los que salían.

Son Paralelismos que «huelen mal» pero que en la práctica significan que el sistema político mexicano dejó formas y líneas que se siguen repitiendo, aún por quienes han dicho que serán diferentes. En este contexto será interesante observar sí en verdad seguirá la buena relación entre Obrador y Sheimbaun, porque en los hechos, es probable que algunos proyectos políticos bajo la sombra del obradorismo, y no de Sheimbaun, tendrán que replantear sus metas.

Las muestras ya se visualizan, al interior de Morena ya hay quienes avisan que tal o cuál aspirante es «muy amigo» de tal o cual nuevo integrante de Morena. Esa también es una vieja práctica del régimen que marcó formas comunes de hacer política.

Son, insistimos, paralelismos que dibujan a Morena o a la Cuarta Transformación muy similar, en su actuar, al viejo PRI. Son, en la mejor de las explicaciones, el pragmatismo en política: ser eficientes sin detenerse en lo justo. Optar por lo que funciona sin detenerse en la ideología. Así nos ha sorprendido Morena y Claudia Sheimbaun: cambios para mantener el poder, el poder de la presidenta.