Cuando ayer eran los integrantes del gobierno, en sus tres órdenes, los responsables de la sensura y sometimiento de la prensa en los 70’s, 80 y 90’s, hoy son los criminales quienes atemorizan y censuran.
Desde el año 2000 con la alternancia política bajo la figura del PAN y Vicente Fox como presidente, los medios de comunicación abrieron espacios a la oposición y la libertad de expresión. En muchos medios, de cobertura nacional principalmente, y luego en casi todo el país, permitieron una crítica más específica de los asuntos públicos, hasta poder expresarse mal del presidente —cosa impensable en los periodos de Luis Echeverría Álvarez o José López Portillo— sin mayor temor.
En esa época los medios de comunicación eran terriblemente controlados por el gobierno, y no se permitía hablar mal del presidente o de algún funcionario, salvo lo que el mismo gobierno Indicaba, a base de filtraciones.
En la segunda parte de la década de los 80’s, la presión de la oposición política y de la sociedad en general fue abriendo paso a mayor expresión. Con la Cuarta Transformación a cargo del obradorismo y con Claudia Sheimbaun Pardo, el periodismo ha logrado expresar lo que sucede con más caridad, así tengan que señalar al mas alto poder. Pero simultáneo a esta evolución que narramos también avanzó, y tomó mucho control, el poder del narcotráfico.
El crimen organizado se volvió el principal sensor, bajo la amenaza directa, la violencia física hacia los medios de comunicación; y lo peor, bajo la complacencia de las autoridades, emanadas de todos los signos políticos. Ahí cambiaron muchas cosas: lo que se había ganado en el campo de la academia, con el arribo de comunicadores más comprometidos con la verdad, aunado a la propia y la apertura empresarial de medios, que no tuvieron otra opción para abrirse, se vino abajo con la amenaza que trajo el crimen organizado.
Todos sabemos acá en Sinaloa de las agresiones a balazos a los edificios de medios como al periódico El Noroeste en Mazatlán, o el ataque y muerte a Jesús Valdez, editorialista del seminario Río 12. Tan solo esos dos ejemplos indican el poder criminal en contra de la libertad de expresión.
Hoy podemos hablar de cualquier legislador, presidente municipal, o de la misma presidenta de la república, pero nos guardamos datos donde se involucra a criminales, porque está de por medio nuestra sobrevivencia. Es una dolorosa pero fiel realidad. En Sinaloa sabemos historias de corrupción mezcladas entre el poder y el crimen, que no podemos exponer, por que corren peligro nuestras vidas. Pues el sistema judicial y de justicia de nuestro pais, aunque reformado en parte, no funciona, no garantiza que los reporteros y medios digamos lo que se ha investigado en ese contexto de criminalidad. Ese es hoy día el mayor censor. ¿Y como ocurre? Por medio de la autocensura, luego del temor que cada reportero o reportera, como seres humanos que somos, estamos vulnerables ante esa real y lamentable amenaza. Es ahí donde se trunca la libertad de expresión.
Entonces suponemos que hoy día sí existe libertad de expresión, desde la perspectiva de la apertura y tolerancia tanto de empresas, comunicadores, y del mismo gobierno; pero las actividades del crimen, en muchos casos mezclados con el poder político, evitan la libertad de expresión. Esa es la otra realidad.









